Aguas subterráneas

El 95 % de las reservas útiles de agua dulce del planeta son subterráneas. Mantienen la humedad del suelo y las zonas húmedas. La contaminación y la sobreexplotación son las amenazas principales. Los acuíferos pampeanos no están exentos del peligro.

En La Pampa (Patagonia Argentina), las áreas con aguas subterráneas de mejor calidad son las asociadas a los sistemas medanosos, porque la recarga de los acuíferos depende exclusivamente de las precipitaciones. Carlos Schulz, geólogo, explica que “donde hay arena la infiltración es mucho más rápida, no hay evaporación y eso hace que haya aguas de buenas calidades; por ejemplo en el Valle Argentino, la zona del Meauco, entre Santa Rosa y Anguil, algunos médanos cerca de Toay y el valle de Chapalcó”.

Sin embargo aclara que en términos generales “la velocidad de infiltración es muy lenta y de lo que llueve puede llegar al acuífero un 8, un 10, un 15 o un 20 por ciento, de acuerdo a la zona. Por más que lluevan 600 milímetros se recarga apenas un 10 por ciento, que serían 60 milímetros anuales.

Responsables
“El Estado es quien tiene el poder de policía y regula todo lo que son recursos hídricos, ya sean superficiales o subterráneos, salvo aquellos que pertenezcan a dos o más provincias", explicó el geólogo Carlos Schulz.
Sin embargo, en el caso de las aguas subterráneas, ese control se hace más difuso. “Teóricamente uno debería pedir permiso para perforar, porque la Ley Provincial N° 607 legisla sobre cómo se tiene que hacer. La Administración Provincial del Agua es el organismo competente para otorgarlos. Pero en la práctica pocas personas cumplen todos los pasos".
“Si existe la anarquía de que cada uno explote lo que quiera, se produce una sobreexplotación o una explotación anárquica del recurso. Si no hay ordenamiento en la explotación llega un momento en que desaparece" advirtió el geólogo.
En su momento, Schulz tuvo a su cargo el estudio de las aguas subterráneas en la zona de quintas de Toay, ubicada a pocos kilómetros de Santa Rosa. Fue hace quince años, cuando todavía no se preveía el extraordinario crecimiento que iba a tener la zona, llevando a que cada quinta residencial tenga su propia perforación. Frente a esta situación Schulz sostuvo que "todavía estamos en una etapa en la que se puede controlar y hacer una buena gestión, porque no es tanto lo que se está extrayendo". En cuanto a la protección del recurso a largo plazo afirmó que "están dadas las herramientas para que la zona se gestione como área de reserva y se regule la explotación".

En las zonas no medanosas también hay agua subterránea, pero como la recarga es más lenta las aguas pueden ser más saladas, o tener algunos elementos tóxicos como flúor, arsénico, selenio, que las hacen no potables para el consumo humano”.

La amenaza de la contaminación
En un mundo cada vez más industrializado y superpoblado, la contaminación del agua es una de las más graves amenazas que se ciernen sobre la especie humana. La mayor parte de las actividades del hombre sobre la superficie del suelo, incluyendo la agricultura, la industria y el desarrollo urbano, pueden degradar definitivamente la calidad de las aguas subterráneas si no se toman las precauciones necesarias.

“Entendemos la contaminación como una alteración en la calidad del agua hecha por el hombre. Si el agua tiene flúor o arsénico naturalmente, no está contaminada, pero no es apta para un determinado consumo”, aclara Schulz.

A partir de esta definición, el geólogo señala que hoy en día los principales problemas en la provincia “se están dando por la contaminación orgánica, ya sea por la falta de cloacas en los pueblos, porque los pozos ciegos generan una carga orgánica que terminaría como nitratos; o bien por la ganadería en algunos molinos puntuales que son utilizados también para consumo humano además de beber los animales”.

Según datos del Censo Nacional 2001, publicados por el Instituto Nacional de Estadística y Censos, el 53,76% de la población pampeana tiene acceso a la red cloacal, lo que significaría que 136.639 habitantes aún no lo tienen (aunque desde el 2001 hasta la actualidad varias de las localidades más pobladas conectaron el servicio, como por ejemplo Eduardo Castex).

Peligrosos nitratos
Si bien en La Pampa no existe contaminación por desechos industriales, debido a la ausencia de industrias de gran tamaño, un problema sobre el que poco se sabe es la contaminación por fertilizantes y agroquímicos. El uso de abonos nitrogenados puede causar problemas en la salud cuando la presencia de nitratos en el agua supera los 45 miligramos por litro.

En un nota publicada en mayo de 1995 en el diario “La Arena”, el geólogo Raúl Rivas ya alertaba acerca de esa amenaza sobre el patrimonio hídrico. “La utilización de productos fitosanitarios, en especial herbicidas, está experimentando un notable crecimiento en nuestra región, alcanzándose en la Pampa Húmeda cifras importantes de toneladas por año. La incidencia de esta tendencia no está aún en las aguas subterráneas, y no ha sido valorada en gran medida debido al alto costo de las determinaciones analíticas sobre la concentración en las aguas de los compuestos orgánicos contenidos en los productos fitosanitarios”. A lo que agregaba: “en nuestra región este problema se verá favorecido por la irresponsabilidad de aquellos consumidores de productos que no dudan en arrojar los desechos (tachos, recipientes plásticos) en cuencos de agua, lo cual permitirá la contaminación”.

Control
La legislación de nuestro país considera que las aguas subterráneas pertenecen al Estado, que si bien cuenta con las herramientas legales para su protección, no ejerce los controles necesarios para conservar el recurso a largo plazo.
Como ejemplo, basta citar que en la zona de quintas de Santa Rosa cualquier propietario de un terreno puede instalar una bomba de extracción con la potencia que desee, sin que nadie autorice o controle la explotación del recurso. Ante una consulta realizada en la Dirección de Hidráulica de la Municipalidad de Santa Rosa sobre la necesidad de gestionar una autorización para la instalación de una bomba, la respuesta fue concluyente: "es propiedad privada, puede hacer lo que usted quiera".
Mauricio Dadán, propietario de un conocido comercio dedicado a la venta de bombas, aporta más datos en ese sentido: en los últimos cinco años la población pasó de comprar bombeadores -que sacan un promedio de 800 a 1.500 litros/hora- a comprar bombas sumergibles, que extraen entre 5.000 y 6.000 litros/hora. “Las napas no soportan el caudal que saca una bomba. Además se hace un uso irracional del recurso, riegan el pasto todo el día, llenan piletas”, dijo el comerciante.
En la temporada de verano, sólo en ese comercio, se venden entre 15 y 20 bombas mensuales. En la mayoría de los casos los compradores prefieren una bomba de 1,5 HP, con una capacidad de extracción de 6.000 l/h, en lugar de la de 1 HP, que saca 4.000, por la escasa diferencia de precio (unos 1.300 pesos contra 1.000), aunque la de menor potencia cubre todas las necesidades de una vivienda.

En el mismo sentido, Schulz sostiene que en los países subdesarrollados “se conoce muy poco” acerca del impacto de fertilizantes, plaguicidas y agroquímicos sobre el medio ambiente. “No obstante hay un trabajo que hizo el Banco Mundial en el año 2001, con una serie de estudios sobre la contaminación de distintos elementos, y por cantidad de personas involucradas la contaminación más grande que hay en el país es por nitratos. Eso se da fundamentalmente en el Gran Buenos Aires por la gran cantidad de huertas, la falta de saneamiento y la superpoblación”, aseguró el especialista.

Schulz también consideró la contaminación causada por los derrames de petróleo en los yacimientos y de combustible en las estaciones de servicio, que contienen metales pesados que pueden alterar severamente las condiciones del agua, aunque en la mayoría de los casos en las zonas petrolíferas no se extrae agua para consumo humano. “A veces la contaminación más peligrosa es la que no se ve”, afirmó.

Abuso del recurso
La extracción de cantidades excesivas de agua subterránea es otro de los problemas y puede dar como resultado el agotamiento de los pozos, el daño a los ecosistemas, el hundimiento del suelo, la salinización y por último, la pérdida del recurso.

Según Carlos Schulz, en La Pampa “si hablamos de volúmenes de agua, en general no hay afectación de las reservas. La recarga es mucho mayor que la explotación”. Sin embargo advirtió que “la sobreexplotación indirectamente afecta a la calidad. Un acuífero se sobreexplota también cuando aumentan tenores de flúor, sodio y arsénico, aunque no se vea afectado el volumen”.

“Hoy en día la posibilidad de extracción de agua ha llegado también al común de la gente. Cualquier persona puede hacer una perforación y poner una bomba de gran tamaño, la única restricción que hay es la económica. Eso hace que si mucha gente saca mucha agua, se sobreexplote un lugar” (ver recuadro).

En la provincia, la capacidad de recarga de los acuíferos va decreciendo del noreste hacia el sudoeste, de acuerdo a las isohietas de precipitaciones. En el área de Santa Rosa ronda los 50 o 60 milímetros anuales, dependiendo de las lluvias de ese año (entre el 9 y el 10 % de las precipitaciones anuales).

Medidas de prevención
En el caso de las aguas subterráneas “prevenir es mejor que curar”. La contaminación a menudo permanece oculta durante algunos años, dispersándose a áreas más amplias que implican un altísimo costo y una gran dificultad de depuración. Algunas de las consecuencias de la extracción excesiva también pueden ser irreversibles.

“Para prevenir la sobreexplotación hay que regular el otorgamiento de los permisos de explotación. Así como uno debe solicitar un permiso en la municipalidad para poder construir, tendría que requerirse también autorización para hacer la perforación, y le tendrían que decir cuántos metros perforar y qué cantidad de agua sacar”, aseguró Schulz.

“La herramienta legal está, lo que faltaría es instrumentar el sistema de control”, concluyó el geólogo.

Las soluciones tardías a los problemas de contaminación y sobreexplotación demandan mucha tecnología, inversiones y tiempo. Por eso a largo plazo, el método más económico y eficaz para asegurar el suministro de agua subterránea limpia es a través de la protección y cuidadosa gestión del recurso.

Texto: Paula Laguarda
Ilus.: Bibi González

Publicado en suplemento ECO (septiembre de 2005)

 

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