Crónica de un incendio

Cuando llegan los primeros calores, los incendios vuelven a ser noticia. Nunca fallan: desde noviembre hasta marzo, se “presentan” y queman miles de hectáreas de bosques, montes y pastizales. Siempre llegan. Reducir su impacto es “la tarea”.

 

Suplemento ECO (Febrero de 2015).- Meses antes del inicio de la “temporada alta de incendios”, el equipo de DC comienza con el trabajo de relevamiento y evaluación de datos. Rara vez suceden dos incendios en el mismo lugar, por eso se prioriza el trabajo en aquellos lugares donde no hubo incendios y donde la vegetación se presenta abundante por las lluvias.

Carolina Polanco y Carina Re, dos recursólogas egresadas de la UNLPam, observaron a fines de agosto el estado del bosque y del jarillal en la zona de Lihue Calel, Cuchillo Co y en Árbol Solo. “Había más volumen de pasto que el año anterior”, dice Polanco. Otro dato: hacía mucho tiempo que no había incendios en los alrededores de L. Calel y Cuchillo Co.  

Picadas

Rara vez las picadas están en condiciones. Y esta es una de las primeras tareas del equipo: evaluar el estado de situación y la infraestructura disponible. Desde la sede central en Santa Rosa se contactan con autoridades de Vialidad Provincial para disponer de una motoniveladora o pala mecánica que ayude a limpiar y ampliar las picadas para poder transitar y facilitar el contrafuego.

Las noticias en los medios se replican en las redes sociales. Muchos se lamentan y reclaman aviones hidrantes, más brigadistas y financiamiento, pero las picadas son la herramienta fundamental para reducir el impacto de los incendios.

El Estado provincial entregó hace años 8 inmensos tractores con sus rastras para que los productores privados limpien las picadas. Aunque la ley exige que estén abiertas y limpias, los brigadistas saben que más de un 80% de las picadas no están en condiciones. Los caminos vecinales o las rutas son la infraestructura vial que más se utiliza para combatir las llamas.

 

Hay un plan

El helicóptero resulta de utilidad para ver el escenario y saber hacia dónde se dirige el incendio. Desde arriba se puede ver hacia dónde van las llamas y también las picadas o caminos disponibles. También es de gran utilidad el avión observador. Porque, además de comprobar in situ hacia dónde se dirige el fuego, permite realizar un relevamiento con el GPS obteniendo información certera y precisa. Si la situación lo exige, se solicita a la central que envíen más brigadistas. En La Pampa, al igual que en otras regiones de pastizales y bosques del espinal, para apagar un incendio hay que encender otro. Se le llama “contrafuego”.

Para reducir el impacto de los incendios sobre la naturaleza hace falta mucha planificación. Investigadores que evalúan meses antes la vegetación, equipos de comunicación, capacitación a brigadistas, reparación y puesta a punto de los equipos, la cantidad de viandas de comidas por día y brigadistas que exige un día en el frente del incendio y hasta calcular el personal que debe dormir y descansar mientras que otro equipo combate las llamas.

Calculando la dirección del viento y la velocidad, los pronósticos para incendio son una herramienta de gran utilidad para la planificación de las tareas. Con la información previa y  esperando la noche (el mejor momento para combatir las llamas), los brigadistas buscan la picada o camino para “enfrentar” al incendio. Tomando los recaudos correspondientes, con la antorcha de goteo  comienzan a quemar para quitarles “combustible” a las llamas. ¡Incendian para apagar el incendio!

Unas 483.000 hectáreas se quemaron entre noviembre de 2013 y febrero de 2014. Un año después las llamas consumieron poco menos de la mitad: 220.000 has (la media histórica ronda las 300.000 has). Son muchas hectáreas, pero muy por debajo de picos máximos como en el verano de 2001/2 cuando se quemaron más de 3 millones de has. Son la principal amenaza del bosque del caldén, dijo una funcionaria ligada a los bosques en referencia a los incendios. “En La Pampa, son uno de los principales problemas ambientales”, agrega concluyente Romero.

Texto: Pablo D’Atri
Ilust.: Bibi González
Fotos: Carlos Bonnemezon

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