Aves migratorias

Cuando en esta parte del mundo comienzan a llegar los primeros calores, también llegan de largos viajes cientos de aves. En el mundo existen miles de especies y, de todas las conocidas, más de un tercio son migratorias. Están aquellas que atraviesan el Atlántico de costa a costa huyendo del frío, buscando alimentos y un lugar para criar sus pichones. Hay otras que viajan dentro de un mismo país “solo” algunos cientos de kilómetros. Son una maravilla para aquellos que cada tanto miran hacia el cielo y, desde hace un tiempo, hay quienes salen a recibirlas y darles la bienvenida.

 

SUPLEMENTO ECO (Septiembre de 2001)._ En la película “Papá Ganso” (Fhater Goose), Jeff Daniels junto a Ana Paquín, vuelan en sus ultralivianos guiando a una bandada de gansos. La historia está basada en un hecho real. El canadiense Bill Lishman crió gansos en una finca en Purple Hill. Cuando las aves estaban aun en sus huevos, Bill les colocó un grabador con el ruido de los motores del ultraliviano. Roto el cascarón, las aves “adoptaron” a Bill como su padre y cada gesto o movimiento era seguido con atención.

Todos los días este canadiense junto a su familia se dedicó a criar las aves. Pasaron los meses y el ultraliviano con motor se convirtió en la “madre sustituta” que los gansos seguían con su vuelo. En época de migraciones, Bill se subió a su ultraliviano y emprendió un largo viaje hacia el sur. Los gansos, junto a Bill, volaron durante horas recorriendo la misma ruta migratoria que desde hace cientos de años realizan las aves de esta especie.

Al año siguiente, los gansos partieron solos, siguiendo el mismo camino. Esta vez, Bill se quedó en su casa junto a su familia, a la espera del nacimiento de una nueva bandada.

Migraciones

Más de un tercio de todas las aves que existen en el planeta realizan, en algún momento, desplazamientos migratorios. Hay especies que recorren pocos kilómetros. El Cauquen (Chloephaga), aves de gran porte de la familia de los patos, cría sus pichones en el verano en el sur de la Patagonia y emprenden un corto viaje hasta los pastizales pampeanos (sur de Buenos Aires y La Pampa), para allí pasar el invierno.

Orientación

Mucho se ha escrito y discutido con respecto a este tema. El sol para las migradoras diurnas y las estrellas para las nocturnas son herramientas indispensables para encontrar la ruta correcta. Hay investigadores que afirman que también pueden valerse del campo magnético terrestre.

Pero también es fundamental la capacidad de las aves para reconocer características del terreno a través de su ruta, sobre todo en las aves que migran en grandes bandadas. Y en estas situaciones la experiencia de las más viejas redunda en beneficio para todas.

Pero existen también aquellas que durante días y días atraviesan países y hasta continentes. Los chorlitos, esos pequeños pajaritos que andan en las costas del mar y de lagunas en casi todo el territorio argentino (sobre todo en las costas patagónicas), vienen desde el Artico, donde se reproducen, a sus “cuarteles de invierno”. Aquí se alimentan y se refugian de los fríos del Polo Norte. Más 18.000 kilómetros recorren durante varios días, en grandes bandadas, de una punta a la otra de América.

La migración no es una característica sólo atribuida a las aves. De hecho algunas mariposas, muchos peces como los salmones, las truchas, grandes mamíferos herbívoros como los alces y otros animales, se trasladan de un lugar a otro en determinadas épocas del año. Desde hace miles de años vienen y van, a tal punto que hasta el mismo Aristóteles fue atrapado por este fenómeno e incluso clasificó varias aves migratorias.

María Chaves, una ornitóloga de Costa Rica, cuenta que el fenómeno de las migraciones de las aves ha maravillado al hombre desde siempre. Los profetas del Antiguo Testamento decían que las migraciones de los gavilanes, que se desplazaban desde el norte de Europa hacia el Africa, simbolizaban “los caminos de Dios”. En Chipre, los movimientos estacionales de un numeroso grupo de aves grandes era la señal para iniciar la siembra.

El frío y el alimento han sido, probablemente, la causa que hace que muchas especies viajen de un lugar a otro. Las dudas surgen al momento de determinar el origen de la migración. Seguramente no en todas se originó de la misma manera, en la misma época y siguiendo las mismas pautas evolutivas. Pero más allá de las hipótesis y de los debates de ornitólogos y profesionales, las aves saben hay que volar en busca de alimentos y también para encontrar climas más cálidos para sobrevivir.

Alto en el cielo

Para deleite de los observadores, cuando las temperaturas comienzan a subir en el sur de este continente, los cielos y los campos se empiezan a poblar de miles de pájaros. El Churrinche y la Tijereta, como tantos otros, llegan en verano al suelo argentino para reproducirse. Aquí buscan su pareja y se alimentan de insectos de los más variados y, cuando se acerca el otoño, emprenden un largo viaje a zonas más templadas.

Patrones de migración

En general, una gran proporción de las aves que viven en climas rigurosos, especialmente en temperaturas extremas, son migratorias. Luego, a medida que nos vamos acercando al ecuador y el clima se va tornando mas benigno, el promedio de especies migratorias es cada vez menor. En Canadá, por ejemplo, hay más especies de aves migratorias que en Estados Unidos. En México, unas pocas aves de las que allí viven son migratorias y prácticamente no existen especies migrantes en la selva amazónica.

Las aves migratorias buscan para invernar comúnmente, un ambiente con características similares a sus áreas de reproducción. Las aves que crían en un bosque, buscarán un bosque para invernar, de la misma manera que especies que se reproducen en ambientes desérticos, buscarán un desierto en donde pasar el invierno.

Esto explica las extensísimas migraciones que realizan los chorlitos y demás aves, que crían en el ártico y viajan a sus cuarteles de invierno en el extremo sur.

Horas y horas aleteando y cubriendo distancias enormes. El “gaviotín ártico” (Sterna paradisaea) es uno de los campeones del “largo aliento”. A él se le atribuye uno de los viajes migratorios más extensos: desde el círculo polar ártico hasta las regiones antárticas, superando los 18.000 kilómetros.

Y la hazañas del “gaviotín ártico” parece no tener límite. Tito Narosky y Andrés Bosso dicen en el libro “Manual del Observador de Aves” que se han constatado casos en que, a pocos meses de nacer y como vuelo de bautismo, recorrieron unos 14.000 kilómetros cruzando el Atlántico. Otro incluso dicen que llegan a cubrir una distancia de unos 22.000 kilómetros, desde el Artico hasta Oceanía.

Peligros

Pero el vuelo de estos pájaros no está exento de peligros. Y en esto el hombre tiene y ha tenido mucho que ver. Los campos fumigados con determinados pesticidas o herbicidas, la desaparición de bosques, la alteración de bañados y humedales, la caza indiscriminada y la contaminación de las zonas costeras, son algunas de las causas que hacen peligrar la existencia misma de muchas aves migratorias.

De acuerdo a un estudio realizado por científicos de Estados Unidos, una tercera parte de las aves migratorias de ese país que viajan a Latinoamérica a invernar, están sufriendo un marcado descenso de su población en los últimos 30 años. Si bien no pueden determinar puntualmente las causas, se sospecha que el hombre tiene mucho que ver.

América Latina y el Caribe ocupan el segundo lugar (después de Asia y el Pacífico) con especies de aves amenazadas. Según el Informe GEO 2000 del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, muchas de estas aves son migratorias.

Informe: Pablo D’Atri y Fabián Tittarelli
Ilus.: Bibi González

 

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