El hornero

No conozco una persona que se lleve mal con el hornero. Es una de las aves más conocidas, y aunque su plumaje es muy discreto, con su chalet de barro no pasa desapercibido.

Se lo encuentra en Brasil, Bolivia, Uruguay y Paraguay, y en nuestro país ha ido ocupando poco a poco un mayor territorio. El doctor José Pereyra, un viejo ornitólogo (así se le dice a quienes estudian las aves) que en la década del ‘30 recorrió los campos de La Pampa (en especial la zona de Conhello), lo describe como un ave muy escasa en la zona. A tal punto, dice Pereyra, que una pareja que empezó a construir su nido en un eucaliptus, llamó la atención de los habitantes del lugar.

Ficha técnica:

Nombre vulgar: Hornero, Casero, Alonso García, Alonzito, etc. en nuestro país. Joao dos barrios, John Clay (Juán Arcilla), en Brasil; y Rufous Hornero en Estados Unidos.

Nombre científico: Furnarius rufus

Distribución: Centro y Norte de Argentina, Brasil, Uruguay, Paraguay y Bolivia.

Hábitat: Montes abiertos, pastizales y poblados.Tiene un andar orgulloso y altanero. Erguido, y a los saltitos, recorre los lugares cercanos a su casa buscando lombrices y larvas, sus platos favoritos, o cualquier otro menú que sirva como alimento para él o su familia. Cuenta el doctor Pereyra, que lo ha visto tomar la leche que le había puesto a los perros y, en otra ocasión, comer hasta la carne picada.

Su casita, que por técnica arquitectónica parece una mansión, es construida en una semana, más o menos. A pesar del trabajo que les cuesta, la habitan solamente un año. Al año siguiente, la pareja, se dispone nuevamente a levantar su nuevo nido de amor.

Dicen que nunca hay que destruir un nido de hornero, aun cuando esté abandonado. Aunque no pasa mucho tiempo desocupado, ya que entre las aves, al igual que entre las personas, hay muchos que necesitan un lugar pa’ acobacharse y la casa de un hornero es un valioso botín. Los nuevos inquilinos pueden ser jilgueros, golondrinas, algún caburé e incluso, como vi en una oportunidad, unas cotorras que habían redecorado con ramitas y palitos la abandonada casa de barro.

Revoltoso y bochinchero, nunca pasa desapercibido en el lugar que habita. Con su canto en forma de carcajada, casi siempre interpreta su melodía junto a su pareja, cosa habitual entre los miembros de su familia (Furnariidae). Su clásico nido en forma de hornito de barro y su carácter sociable, hacen de nuestro amigo un ave realmente simpática y querida por todos.

Avecilla “piadosa” y “trabajadora”, como suele decir la gente de campo, este simpático albañil de nuestra tierra tiene, por el momento, asegurada una existencia alegre y tranquila. De hecho, y aún cuando no todos lo sepan, es nuestra ave nacional y, hasta ahora, no hay quien le cuestione sus “méritos”.

Lic. Fabián Tittarelli
(Publicado en ECO 47)

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