El espacio público

Todos los años y en todo el mundo, octubre es el mes de las ciudades. Se organizan eventos y se proponen metas. Si más de la mitad de la humanidad vive en las urbes y seremos cada vez más, pensar cómo queremos vivir en ellas es un desafío actual. Por eso hay quienes proponen hacerlas sostenibles, verdes, inclusivas, participativas y democráticas. Este año el mes se moviliza bajo la consigna: “Espacios públicos para todos y todas”.

 

Octubre es Urbano, dice ONU-Hábitat. El Programa de las Naciones Unidas para los Asentamientos Humanos explica que comienza con el Día Mundial del Hábitat, el 1 de octubre, y termina con el Día Mundial de las Ciudades, el 31 de octubre. “Es un mes especialmente significativo en muchos países ya que marca un cambio definitivo en las estaciones. También se supone que es el mes favorito de amantes de la ciudad”.

Y este año los esfuerzos mundiales se concentran en los “Espacios Públicos para Todos y Todas”. El objetivo es llegar al 2030 a “proporcionar acceso universal a los espacios públicos seguros, verdes, inclusivos y accesibles en especial para mujeres, niños y niñas, las personas mayores y las personas con discapacidad”.

Actualmente, más de 4.000 millones de personas viven en ciudades y serán 5.000 en 2030, dice el organismo. “Se necesita mejorar, por tanto, la planificación y la gestión urbanas para que los espacios urbanos del mundo sean más inclusivos, seguros, resilientes (capacidad de recuperarse frente a la adversidad) y sostenibles”.

Espacio público

 “Se llama espacio público a la zona de propiedad pública, dominio y uso público. Es el lugar donde cualquier persona tiene el derecho a circular en paz y armonía, donde el paso no puede ser restringido por criterios de propiedad privada, y excepcionalmente por reserva gubernamental”, define el diccionario de la red de redes “Wikipedia”.

Y para una gran cantidad de habitantes de las ciudades ese lugar es una prolongación de su casa, de su propiedad privada. Y para esos muchos y muchas no existen conflictos y no hay línea que limite. Sólo surge ese ruido, esa restricción entre la propiedad pública y la privada, cuando los intereses económicos predominan.

Porque el espacio público es un lugar amigable cuando habitantes de un barrio arreglan una plaza o los chicos y chicas arman una canchita de fútbol. Sin embargo es motivo de conflicto cuando la empresa de telefonía móvil quiere instalar sus inmensas antenas sin consultar.

Esa tensión es la que se genera cuando el Estado no adopta una mirada social y no regula su uso de manera inclusiva y democrática. Entonces, como sucede en la mayoría de las ciudades, predominan los intereses de las empresas y la ciudad se construye de acuerdo al valor inmobiliario y los intereses económicos de quienes detentan el poder. Y así las ciudades se fragmentan: surgen barriadas populares y también countrys, despensas y pequeños comercios fuera del circuito comercial y calles céntricas vigiladas con cámaras e inspección municipal, barrios caros con altos valores de las tierras y viviendas sociales con calles y cloacas que colapsan, el centro con edificios coquetos provistos con todos los servicios y viviendas fuera de las áreas urbanas… 

Amigable

Existen costumbres y actitudes cotidianas de habitantes de a pie que proponen un uso amigable de los espacios públicos. Así, cuando un vecino o vecina atraviesa esa línea imaginaria que va desde la puerta de su casa hasta la vereda, cuando la barre todas las mañanas, cuando planta y riega el árbol, o cuando arregla las baldosas flojas, se apropia de manera amigable con ese lugar común.

Porque el “espacio público” es esa zona que es de todos y todas pero no es de nadie. Son, básicamente, las veredas, las plazas, los caminos, los edificios públicos y los espacios verdes.

La vieja legislación delimita su uso y dibuja una línea bien marcada que separa los intereses colectivos de los privados. Sin embargo ese lugar común tiene otras implicancias. Para Domenico Di Siena “el espacio público lo conforman todos los lugares de encuentro, en los que se establece una forma de relación ciudadana y en los que se va configurando la cultura propia de esa comunidad”. Por ello, además de las plazas, las calles y parques, también menciona los mercados, los mercadillos, los locales de ocio y deportivos, los teatros y cines. “El espacio público crea la ciudad, la cohesiona y, a la vez, redefine continuamente la esencia de la misma”. 

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Ciudades Sostenibles

América Latina posee ya un nivel de urbanización de los más altos del planeta, que supera el 80%.  En las últimas décadas sus habitantes son cada vez más urbanos y urbanas. Tal es así que se espera que, para 2030, seis de cada diez personas en el mundo vivan en áreas urbanas.

Por eso existen organizaciones como ONU-Hábitat que proponen mirar la ciudad como una oportunidad de integración, de desarrollo, de participación democrática. Y por ello reclama una gestión municipal integradora. “Los espacios públicos bien diseñados y administrados son un activo fundamental para una ciudad”, dice.

“Las ciudades necesitan ser verdes y manejables desde el punto de vista de la sostenibilidad, además de preparadas para el futuro y en sintonía con el medio ambiente. Las ciudades deben convertirse en espacios de oportunidades para la realización personal de sus habitantes”, agrega el organismo de la ONU.

Para generar ciudades sostenibles, con tecnología moderna y accesible, con oportunidades de desarrollo para todos y todas, es fundamental que la gestión municipal asuma los criterios sociales de los espacios públicos.

“La ciudad ha dejado de ser percibida como el espacio pecaminoso, origen (casi bíblico) de la degradación humana, para convertirse en una oportunidad; en el territorio donde el desarrollo sustentable, el bienestar y la equidad tomarán forma”, explica Horacio Terraza, experto en desarrollo urbano y ciudades del Banco Mundial.

Por último, Hábitat sostiene que “el espacio urbano puede ser un punto de entrada estratégico para impulsar el desarrollo sostenible”. Sin embargo advierte que “muchos gobiernos citadinos están debilitados debido al acotado poder y responsabilidad sobre los servicios públicos claves, incluyendo la planeación, la vivienda, la vialidad y el tránsito, el agua, el uso del suelo, el drenaje, el manejo de los desperdicios y el establecimiento de estándares”.

Texto: Pablo D’Atri
Ilus.: Bibi González

 

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