Bioclimatología

Ahorro económico, ahorro ambiental, acceso al confort… la construcción bioclimática propone un uso racional de la energía. Una vivienda "solar" puede llegar a reducir hasta un 50% del consumo en calefacción.

La “arquitectura bioclimática” parte del estudio de las condiciones climáticas y ambientales, y adecua el diseño con el fin de utilizar positivamente los procesos naturales para calefaccionar o refrescar.

Babilonia
La energía utilizada en los edificios representa entre el 35 y el 40% de todos los recursos energéticos primarios usados en Argentina, y supera los totales del sector industrial y del sector transporte. El 58% de la energía que se consume en edificios residenciales corresponde a calefacción.

Cada vivienda emite unos 4.146 kg de CO2 (dióxido de carbono, el gas que ocasiona el calentamiento global) por año. En una comunidad de 100.000 habitantes se generan 300 toneladas de CO2 por día. En el año se acumulan unas 109.131 toneladas.

Construir con el clima
El ahorro de energía puede empezar por casa, sobre todo si consideramos la actual crisis de oferta, el beneficio económico que la eficiencia reviste y el aporte medioambiental.

Las estimaciones que los especialistas realizaron a partir de relevamientos en edificios de La Pampa (Patagonia Argentina), revelan que el ahorro de energía en calefacción (que depende en gran medida del comportamiento del usuario) puede llegar a un 86%.

Según un estudio efectuado en Santa Rosa (La Pampa) durante el año 1998 en escuelas, los edificios tradicionales consumen en promedio 110 kWh por m2, de los cuales se destina un 90% a calefacción. La energía representa el 17% del costo total por alumno.

En tanto, de las mediciones efectuadas en las escuelas bioclimáticas de Catriló y de Algarrobo del Águila, dos localidades de La Pampa, se deduce un consumo de 62.7 kWh y de 15 kWh por m2. Es decir, un ahorro respecto de las construcciones tradicionales del 57 y del 86 % respectivamente.

Si una vivienda convencional consume en promedio por año, en un clima templado-frío, alrededor de 1.608 m3 de gas natural, las llamadas viviendas solares logran un consumo cercano a los 900 m3, es decir, casi la mitad.

Criterios
Es fundamental una correcta orientación del edificio para responder a la variación estacional.

En invierno los rayos de sol que calientan están bajos y pueden ingresar en la vivienda si se la orienta hacia el norte. En época de frío, en la región centro del país, la máxima es de 17º C. En los edificios solares se trata de llegar a los 21º sin usar calefacción y, desde luego, se puede usar calor auxiliar.

La climatización natural se basa en los principios de solarizar y conservar bajo las premisas de captar el sol, acumular, distribuir y conservar el calor.

En verano se debe impedir el ingreso del sol con el sombreado de las áreas transparentes al norte con aleros, obstrucciones vegetales -árboles, pérgolas con enredaderas no perennes para que en invierno pierdan las hojas-, con sistemas exteriores como celosías o cortinas de enrollar.

Los principios para esta estación son proteger- evitar- enfriar -disipar y minimizar el uso de fuentes de calor.

Aislar
“La amplitud térmica estacional y diaria de nuestra región requiere masa, grosor de la pared”, señala la arquitecta Celina Filippín, investigadora del CONICET y responsable de muchos de los proyectos bioclimáticos de la región.

El diseño ecológico permite que la fluctuación de 15º del exterior, en el interior sea de sólo 5º.

El material aislante, liviano y de baja conductividad térmica disminuye el paso del calor (pérdida en invierno; ganancia en verano). “El telgopor, por ejemplo, satisface los requerimientos térmicos, se coloca cercano al último material del techo, bajo la chapa o la membrana hidrófuga”, afirma la especialista.

Hay en el mercado una carpintería que disminuye las infiltraciones y el vidrio doble las reduce en un 50%. En nuestra zona, el tamaño recomendado para las aberturas orientadas al norte es de un 12% con respecto a la superficie que se quiere calentar: en una habitación de 16m2 correspondería una ventana de 2 m2.

Viento

Una forma de refrescar naturalmente es a través de la ventilación cruzada: una ventana en un lugar y otra en el opuesto.

Residencia estudiantil (Santa Rosa, La Pampa)

Los conductos enterrados como los que se encuentran ubicados en el Departamento de Ecología, de la Facultad de Agronomía de la Universidad Nacional de La Pampa son otro mecanismo. “A determinada profundidad la temperatura se aproxima a la media anual de la localidad. El aire exterior pasa por ese conducto, disipa el calor hacia la tierra, sumidero de calor, continúa e ingresa al ambiente a una temperatura más baja que refresca”, explica Filippín.

Al calor de los barrios

Contrastando con la decisión del gobierno nacional de imponer el cambio de bombitas de luz como medida de ahorro energético, las casas FONAVI no observan ninguna pauta bioclimatológica.

Las paredes y techos generalmente no están térmicamente preparados para disminuir las cargas de calefacción y refrigeración, y provocan un uso desmedido de gas natural o de electricidad.

“El calor del sol que ingresó es difícil de sacar. El sol del mediodía entrega mil vatios por m2 sobre el techo de la vivienda. Si no está aislado el calor se transfiere al interior”, explica la arquitecta.

La situación más compleja es la existencia de paredes orientadas al oeste y hacia el sur (hacia donde se pone el sol) cuya temperatura puede alcanzar los 50º C.

En el ámbito privado, por su parte, no podemos decir que las viviendas se diseñen teniendo en cuenta el confort y el gasto energético. Un edificio de departamentos cuyas ventanas dan al norte es favorable en el invierno. Pero en verano, se vuelve un infierno si no cuenta con aleros y cerramientos externos. Esto lleva, splits mediante, a soluciones económica y ambientalmente caras.

Costos

La construcción de una casa bioclimática puede significar un aumento de aproximadamente un 6 % en los costos iniciales. Ese incremento tiene un tiempo de amortización según sea el ahorro de energía convencional para cada caso, que además resulta difícil de estimar a futuro, debido a los subsidios al consumo de energía con que cuenta nuestro país.

Según explicó la arquitecta Alicia Beascochea, el cálculo depende de la tipología edilicia. La brecha se hace más importante en viviendas económicas, disminuye en residencias de mayor nivel económico y no influye en edificios de envergadura, sobre todo en aquellos en los que el peso de lo simbólico incide en la elección de los materiales y por lo tanto en los costos finales por m2.

Texto: Fedra Aimetta
Ilus.: Bibi González


Publicado en suplemento ECO (Setiembre 2008)

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