La huerta en casa

En el fondo del terreno de nuestra casa, en un metro cuadrado (si el patio es chico) y hasta en una maceta se puede cultivar las verduras para nuestra mesa. Trabajar la tierra, sembrar las semillas de verduras y hortalizas, desmalezar… una actividad tan antigua como la historia de la humanidad está cada vez más desarrollada.

 

La idea de la fruta o verdura moldeada en porcelana brillante, con un aspecto más cercano a una pieza de regalería que a un alimento, está quedando desfasada con la idea de conciencia alimentaria. La alimentación está cambiando y con ella la forma de conseguir productos. Así, mucha gente que antes compraba la fruta en el supermercado prefiere hacerlo en una verdulería de barrio y hay quienes van más allá animándose a cultivar sus propias hortalizas.

Tomates con olor a tomates, picados, con formas distintas y con tonos que atraviesan la gama completa de rojos son posibles, reales y mejores. Poder llevar un plato de comida a la mesa ya es una experiencia satisfactoria. Pero, si a ese alimento lo conocemos desde que era una semilla, lo regamos y cuidamos en el patio de nuestra casa, los beneficios se multiplican. De acuerdo con el manual de auto-instrucción “Una huerta para todos”, elaborado por la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura), tener una huerta en casa permite llevar adelante una dieta saludable y a mejor precio, obtener alimentos durante todo el año y también la posibilidad de mejorar los ingresos.

ProHuerta

En Argentina, el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), cuenta desde hace 17 años con un programa que garantiza la provisión de semillas, y el asesoramiento necesario para su cultivo. El “ProHuerta” es un programa enmarcado en la seguridad alimentaria. Su implementación comprende capacitación progresiva, participación solidaria y el acompañamiento sistemático de las acciones en terreno. Resultan estratégicas en su operatoria la intervención activa del voluntariado y de redes de organizaciones de la sociedad civil. Está dirigido a personas en condición de pobreza, que enfrentan problemas de acceso a una alimentación saludable, promoviendo una dieta más diversificada y equilibrada mediante la autoproducción en pequeña escala de alimentos frescos por parte de sus destinatarios.

La idea de la autoproducción se encuentra asociada a una vida saludable, no como estilo de vida, sino como necesidad de diversificar la oferta de alimentos disponibles en el hogar. Tener una huerta familiar amplía significativamente las posibilidades de acceder a alimentos de calidad por parte de familias de bajos recursos, que de otra manera ven muy difícil la posibilidad de sumar verduras a su dieta.

Un informe elaborado por la FAO sostiene que la agricultura urbana es practicada por 800 millones de personas en todo el mundo. Dicha actividad proporciona alimentos frescos, genera empleo, recicla residuos urbanos, crea cinturones verdes, y fortalece la resiliencia de las ciudades frente al cambio climático.

No es necesario contar con una gran extensión de tierra para sumergirse en el universo del autocultivo, sino que con una pequeña porción puede alcanzar para comenzar. En ese sentido, de acuerdo a datos relevados por el organismo perteneciente a Naciones Unidas, los huertos pueden ser hasta 15 veces más productivos que las fincas rurales. Un espacio de apenas un metro cuadrado puede proporcionar 20 kg de comida al año.

A la hora de pensar en una huerta urbana se presenta la imagen de una persona encorvada trabajando la tierra, pero en el caso de que no se cuente con un espacio en el piso, la huerta se puede desarrollar en otras formas. En ese caso se aconseja aprovechar cajones, otro tipo de contenedores e inclusive las paredes. De acuerdo al espacio con el que se cuente serán adecuados unos u otros alimentos. De todas maneras, desde la FAO recomiendan comenzar a sembrar hortalizas que ocupen poco espacio, como pueden ser las zanahorias y verduras de hoja. Una vez que tenemos más experiencia en el manejo de la huerta y contamos con el espacio suficiente se pueden incorporar zapallos, papas y porotos, entre otras

Una vez resuelta la cuestión del espacio debemos prestar atención a la ubicación del sol y cómo actúa este sobre la tierra que pretendemos utilizar. Es conveniente que nuestra huerta sea alcanzada por el sol, pero no en las horas donde es más agresivo. También es importante contar con una fuente de agua cercana a la superficie sembrada, y tener en cuenta que vamos a necesitar circular por la huerta, por lo que dejar callejones de paso será fundamental.

Así se cultiven uno o diez alimentos, la huerta familiar no presenta rasgos negativos y se traduce en una alimentación saludable, ya que las hortalizas aportan vitaminas y minerales, fibras, proteínas y carbohidratos, es decir, todos los nutrientes que necesitamos incorporar en nuestro día a día. A su vez, asegurarnos la provisión de alimentos sin necesidad de pasar por un comercio nos ayudará a ahorrar dinero. Pero yendo más allá, esta actividad nos permitirá transmitir a todos los integrantes de la familia el valor del cuidado de la tierra, el medio ambiente y la salud.

Texto: Martín Kardaz
Ilust.: Bibi González

 

¿Qué sembrar según el año? 

Acelga: todo el año, excepto enero y julio.

Ajo: marzo – mayo.

Albahaca: almácigo: agosto; siembre directa: septiembre a noviembre.

Apio: septiembre – diciembre; enero – marzo.

Arveja: marzo – agosto.

Batata: almácigo: julio – agosto.

Berenjena: almácigo cubierto: julio – agosto; almácigo sin protección: septiembre – octubre.

Brócoli y Coliflor: septiembre – octubre; febrero – abril.

Cebolla y cebolla de verdeo: febrero – abril.

Chaucha enana y de rama: fin de verano – otoño – primavera.

Choclo: agosto (protegido); septiembre – enero.

Espárrago: agosto – septiembre.

Espinaca: febrero – junio.

Frutilla: abril – mayo.

Haba: marzo – junio.

Hinojo: enero – abril.

Lechuga y escarola: julio – agosto (gallega); agosto – diciembre (g. rápido); febrero – junio (gallega).

Melón y sandía: agosto (vasito protegido); septiembre – octubre.

Papa: agosto – septiembre; enero – febrero.

Pepino: agosto (vasito protegido) septiembre – noviembre.

Perejil: febrero – marzo; septiembre – octubre.

Pimiento: julio – agosto (almácigo protegido); septiembre (alm. Al aire libre).

Puerro: febrero – mayo; agosto – septiembre.

Rabanito: febrero – junio; septiembre – diciembre.

Radicheta: agosto – octubre; febrero – mayo.

Remolacha: agosto – diciembre; marzo – junio.

Repollo: febrero – abril; septiembre - noviembre.

Rúcula: agosto (vasito protegido); septiembre – octubre.

Tomate: julio – agosto (almácigo protegido); septiembre – octubre (alm. aire libre).

Zanahoria: diciembre – abril (criolla); mayo – noviembre (chantenay).

Zapallo y Cayote: agosto (vasito protegido); septiembre – noviembre.

Zapallito y Zuccini: agosto (vasito protegido); septiembre – enero.

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