Calor de hogar

Viviendas y edificios mal construidos despilfarran hasta un 60% del gas que utilizan para calefacción. Techos y paredes sin aislaciones, materiales inapropiados y hasta la calidad y ubicación de las aberturas son algunas de las causas. Hace unos años se aprobó en el país una norma que identifica con una “etiqueta”  la “eficiencia energética de calefacción para edificios”. Muy pocas provincias la cumplen.

 

Suplemento ECO (Julio 2013). Una cuarta parte de la energía que se utiliza en Argentina la consumen las viviendas. Energía para calefacción (a gas, leña o electricidad) o para prender las luces o hacer funcionar los electrodomésticos (electricidad).

Según los informes de la Secretaría de Energía de la Nación, una casa promedio utiliza para calefacción un 71% de gas, un 2% de carbón o leña, un 3% de algún derivado del petróleo y parte del 24% que consume en electricidad.

De ese total del gas que consumen en las viviendas y edificios, un 60% se utiliza para calefacción. El resto es para cocción y calentamiento de agua.

La mala noticia es que las deficiencias en las construcciones originan pérdidas de hasta un 60%. La buena es que utilizando materiales y aislaciones correctas, se puede ahorrar entre un 20 y un 40% del gas.

Pérdidas

Gran parte del gas que ingresa por las redes para calefacción se pierde por los techos, las paredes, los pisos y las aberturas. Según un informe del Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI), un 30% de la energía que se utiliza para calefacción en los edificios y viviendas de Argentina se pierde por los techos. El organismo señala que si al techo plano de teja o chapa se le coloca una aislación térmica de 2 centímetros de espesor, las pérdidas de energía por transmisión de calor se reducirían casi un 50% y hasta un 70% si la aislación tiene un espesor de 5 cm.

Paredes angostas o de material inadecuado, puertas y ventanas de baja calidad, y hasta las malas costumbres inciden en el despilfarro. “El simple hecho de cerrar las persianas reduce las pérdidas en más del 60% en el área que ocupan dichas ventanas”, dice el INTI y agrega que las puertas y ventanas que no cierran herméticamente ocasionan mermas por infiltraciones que pueden representar hasta un 30 % de las totales de un edificio o vivienda.

“Las características constructivas, orientaciones, morfología edilicia, características de la envolvente, ganancias internas, organización espacial interior de las áreas de trabajo entre otros factores, tienen una influencia básica en el comportamiento de los edificios. La modificación o adecuación de algunos de estos rasgos y, fundamentalmente, su inclusión desde el momento mismo del diseño constituye una importante fuente de reducciones de consumo en el mediano y largo plazo”, aporta un documento de la Fundación Vida Silvestre Argentina.

Hecha la norma

Con la idea de reducir la tendencia creciente de demanda del sector residencial de combustibles fósiles (básicamente gas) para calefacción, hace unos años la Secretaría de Energía de la Nación comenzó a diseñar un sistema de certificación energética para los edificios y las viviendas.

Luego de varias reuniones con especialistas de la Universidad Nacional de Buenos Aires, de la Universidad Nacional de La Plata, de ENARGAS, del INTI y otras instituciones públicas y privadas, se logró arribar a un etiquetado energético para edificios nuevos y otro para edificios existentes.

Así, en  mayo de 2010 se aprobó la norma IRAM 11900: "Etiqueta de eficiencia energética de calefacción para edificios". El objetivo de la misma es lograr el ahorro energético y resolver dos temas centrales: la cuestión medioambiental y la económica.

Según explica el Instituto Argentino de Normalización y Certificación (IRAM), la IRAM 11900 establece, básicamente, una metodología simplificada para el cálculo del nivel de eficiencia energética de los edificios susceptibles de ser calefaccionados.

Los resultados son expuestos en una etiqueta, similar a la “etiqueta energética” que se observa en electrodomésticos (refrigeradores, lavarropas, lámparas, etc.).

El etiquetado funciona como un sistema comparativo de ocho clases de eficiencia energética, identificadas por letras, de la A a la H.

Así, el usuario podrá tener información sobre el nivel de aislación térmica que tiene el edificio que va a habitar.

Aunque no es obligatorio aún para todo el país (sólo lo es en Buenos Aires), la meta propuesta por la Secretaría de Energía de Nación es que en un futuro próximo todos los edificio nuevos (y hasta los más viejos) que existen en el territorio nacional cuenten con una etiqueta que diga cuánta energía pierde o ahorra.

Cómo

Los profesionales (arquitectos, ingenieros civiles y técnicos), los organismos públicos municipales y provinciales, y hasta los colegios y cámaras que agrupan a los sectores de la construcción no tienen excusa. Desde hace años la Secretaría de Energía puso a disposición en su sitio web (ver recuadro) un aplicativo que permite calcular y generar la etiqueta de eficiencia energética de calefacción conforme la norma IRAM 11900.

La intención, según explican del organismo nacional, es facilitar la labor de los profesionales y demás actores ligados a la construcción. La información les permite evaluar los proyectos desde el punto de vista de la eficiencia energética de su envolvente.

Todos los años unos 70.000 nuevos usuarios piden ingresar al sistema conectado de gas natural, que ya cuenta con una cantidad de 7,6 millones.

Hasta el momento (julio 2013) es una sola la provincia (Buenos Aires) y pocas las ciudades las que obligan a aplicar la Norma 11900.

La escases de recursos (gas, petróleo, etc.), el impacto ambiental por el uso de estos combustibles y la incidencia en la economía familiar, deberían ser argumentos suficientes para promover y nacionalizar la normativa.

Informe: Pablo D’Atri
Ilustraciones. Bibi González

 

 

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