Mal olor

Son muchas. Son millones las viviendas que arrojan los líquidos cloacales a los pozos ciegos. Son más de 6 millones y medio en Argentina, y más de 63 mil en La Pampa.

Cada día, hora y segundo, litros y litros de “aguas negras” o “aguas servidas” terminan en los pozos ciegos contaminando las aguas subterráneas.

Bacterias, parásitos, materia fecal, sustancias tóxicas como solventes y ácidos, son algunos de los contaminantes que tienen estos líquidos cloacales. Cuando van a los pozos, amenazan la salud y al ambiente, y son uno de factores principales de alternación de las aguas subterráneas.

El problema es que existen localidades enteras y barriadas numerosas que tienen al pozo ciego como único destino de esos líquidos. La situación se agrava porque esa misma gente que arroja las aguas negras utiliza el agua que está debajo de la tierra para consumo diario. De las napas subterráneas extraen el líquido vital que luego beben, o utilizan para bañarse, lavar los platos, hacer la comida… En un mismo espacio arrojan los líquidos residuales domiciliarios y a metros de ahí extraen el agua que beben…

Soluciones

Todos los especialistas reconocen que el mejor sistema y el más recomendado es la conexión de cada vivienda a la red cloacal. De este modo se gestiona de manera conjunta un tratamiento integral de las aguas residuales domiciliarias.

Mientras tanto, existen técnicas que pueden mitigar el problema. El sistema conocido como “terreno de infiltración” es una opción posible. Se trata de una tecnología sencilla y económica que sirve para depurar las aguas residuales domiciliarias (las que vienen de baños, lavaderos y cocinas).

“Por supuesto que existen propuestas superadoras. Sin embargo, con esta propuesta quisimos promover una tecnología económica para que cualquier vecino la pueda implementar”, responde Alejandro Mariñelarena, director del equipo que propuso el “Manual de autoconstrucción de sistemas de tratamiento de aguas residuales domiciliarias”.

La iniciativa tiene sus años (del 2006), aunque no perdió vigencia. Nació para dar solución a miles de viviendas ubicadas en las márgenes del río de La Plata que no disponían de una red cloacal.

En la presentación del manual (que se baja libremente de internet y se puede utilizar y reproducir sin costo alguno), los autores explican que su aplicación “permitirá eliminar o disminuir el riesgo de contagio de enfermedades transmitidas con estas aguas y reducir la contaminación de las aguas subterráneas”.

La particularidad del suelo (arenosos, gredosos, etc.), la profundidad de las napas (la freática y la potable), son algunos de las consideraciones a tener en cuenta. De hecho, algunos profesionales consultados por ECO destacaron la necesidad de estudiar numerosas variables para lograr un resultado más óptimo del sistema

“Agarrar la pala”

Para construir este sistema se requieren materiales y herramientas comunes. Ladrillos, arena, cemento, caños, palas, cuchara de albañil, nivel, cinta métrica, etc. Con esto es suficiente.

En este sistema, la depuración de las aguas residuales se realiza en tres etapas sucesivas. En la primera, una cámara séptica retiene y digiere el material orgánico sólido más grueso. En la segunda etapa, un terreno de infiltración distribuye los líquidos en un área amplia de suelo. Y en la tercera etapa, el suelo, por debajo del terreno de infiltración, filtra y completa la depuración del agua (ver “Manual…”.).

La cámara séptica funciona por decantación. Ingresan los residuos sólidos que se van depositando y que luego deberán ser retirados por el camión atmosférico. Los líquidos continúan su paso y se distribuyen por las cañerías de PVC perforadas ubicadas en el terreno de infiltración. Los líquidos salen por los agujeros de los caños y se filtran entre los escombros “donde colonias de microorganismos absorben y digieren los contaminantes”, tal como explica el manual. Por último, el suelo funciona como filtro y completa el proceso: “La flora bacteriana que crece sobre las partículas de tierra, absorbe y se alimenta de las sustancias disueltas en el agua. Después de atravesar 1,20 m de suelo, el tratamiento del agua residual se ha completado y se incorpora purificada al agua subterránea”, agrega.

Recomendaciones

El Manual, de algo más de 70 páginas, explica de manera detallada cómo construir el sistema. Enumera los materiales necesarios, las medidas, el cálculo del volumen de los líquidos generados, y hasta un “ensayo de infiltración” para saber cuánta agua puede absorber el suelo donde se construirá el sistema.

Por último, recomiendan no arrojar sustancias agresivas como ácidos y solventes, y cuidar el agua: “Además de cuidar nuestra instalación, estaremos haciendo un uso racional del agua”, dicen.

Texto: Pablo D’Atri
Ilus.: Bibi González

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