Fuleco en peligro

El tatú bola es la mascota del Mundial de Fútbol que se realiza en Brasil. Conocido como Fuleco, es un armadillo que está en peligro de extinción. Científicos y ambientalistas reclaman que la FIFA destine una mínima parte sus exorbitantes ganancias para protegerlo.

A través de las redes sociales, la Asociación Caatinga movilizó a más de 3 millones de cibernautas que eligieron al “tatú bola” como mascota del mundial. Es que este armadillo es una de las dos especies que se enrolla en su caparazón formando una esfera perfecta, redonda como un fútbol.

El tatú bola, cuyo nombre científico en latín es Tolypeutes tricinctus, vive principalmente en la caatinga, un bioma semiárido del Nordeste de Brasil que abarca un 10% del territorio nacional.

El “enojo” de científicos y ambientalistas es que aun cuando hoy goza de una popularidad “mundial” por el campeonato de fútbol y que la Federación Internacional de Fútbol (FIFA), prometió ayuda para la conservación de este animalito, hasta el momento la situación de este pariente del piche y el peludo no ha cambiado.

"Enfatizar la importancia del medio ambiente y de la ecología es un importante objetivo del Mundial de 2014”, dijo la FIFA cuando presentó a la mascota del mundial en el 2012. De hecho, Fuleco es una palabra inventada (acrónimo) que sintetiza las palabras “fútbol” y “ecología”.

“Es una especie que perdió el 30% de su población y, según los últimos estudios el porcentaje llegaría hasta el 50%”, explica Mariella Superina, doctora en Biología de la Conservación y presidenta del Grupo de Especialistas en xenartros (armadillos, osos hormigueros y perezosos) de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN). Según la lista mundial de especies amenazadas de esta organización internacional, el tatú bola se encuentra en el Libro Rojo, en la categoría de “Vulnerable” (quiere decir que está en peligro de extinción, aunque el riesgo no sea inminente).

Según los informes de prensa, la FIFA ofreció una “ayuda” de apenas 300.000 dólares distribuidos en 10 años, muy lejos de los 6 millones de dólares necesarios para un plan integral a desarrollar en una década.

Según los últimos informes, la FIFA ganará en Brasil un 66% más que el Mundial de Fútbol de Sudáfrica (2010) y en julio, cuando termine el campeonato, se llevará en sus bolsillos unos 4.000 millones de dólares.

A pesar de la mezquindad de la empresa presidida por Sepp Blatter, la suerte del armadillo de tres bandas está cambiando: el Ministerio de Medio Ambiente de Brasil anunció a principios de este año la creación de un Plan de Acción Nacional para la Conservación del Tatú-Bola. Tendrá una duración de cinco años y será coordinado por la Asociación Caatinga.

Texto: Pablo D’Atri
Foto: Mariella Superina
Fotomontaje: ecodigital

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