Plantas nativas

La mayoría de las plazas, patios y jardines están poblados con plantas exóticas. Acostumbrados a valorar lo importado por sobre lo local, con las plantas el asunto no es muy diferente. Pero algo está cambiando y hoy existen cada vez más defensores de las plantas nativas. Sostienen que ayudan al ambiente, ahorran tiempo, dinero y esteticamente no tienen nada que envidiarle a las de otras tierras…

 

(Suplemento ECO/Septiembre de 2009)._ El viejo dilema de “civilización” o “barbarie” también se trasladó al mundo de las plantas. Si hasta hace algunos años se pensaba que las personas eran “superiores” si venían desde fuera del país, qué tan distinto iba a ser la mirada sobre la flora y la fauna del lugar.

Desde hace años se colonizan las tierras y en esta parte del mundo no es la excepción. Según un estudio, el 97% de los árboles utilizados en la ciudad de Buenos Aires en plazas, calles y jardines son exóticos. Y la realidad de otras ciudades del país no es muy diferente.

Sin embargo, las plantas autóctonas o nativas protegen la biodiversidad, cuidan al suelo de la erosión, limpian el aire, combaten el calentamiento global, utilizan menos agua y además, en espacios bien diseñados tienen una estética asombrosa.

“Luego de décadas de olvido, tapados por las especies extranjeras de moda, los árboles autóctonos de la Argentina van ganando el lugar que se merecen”, agrega Eduardo Haene, integrantes de “árboles nativos” y parte del staff de Aves Argentinas. Haene señala que las nativas eran admiradas y respetadas por los aborígenes y campesinos que vieron en ellas fuente de alimentos, madera, remedios, leña y tinturas. “La cultura colonial y luego la moderna pareció darles la espalda”.

Plazas, patios y jardines

En Argentina el 75% de las tierras son áridas. Aquí la tonalidad que predomina es el amarillento en los suelos y en las piedras. Aun así, nos empeñamos en armar jardines importados donde predomina una densa alfombra de verde “inglés”, plantines con flores raras y plantas de hojas tan grandes como un sombrero.

“Cada planta tiene una larga historia evolutiva que permite que esa planta se desarrolle en un paisaje y no en otro”, explica Graciela Alfonso, docente de la Facultad de Agronomía de la Universidad Nacional de La Pampa. “Ahora, si en nuestra omnipotencia queremos modificar el paisaje, trasladar a un ambiente semiárido un jardín tropical, obviamente tendremos que disponer de un sinnúmero de recursos extras, además de los impactos que se generan”.

El valor ecológico de las plantas nativas o autóctonas es una de las características más destacadas por sus promotores. “Cada especie dentro de un ecosistema tardó miles de años en evolucionar y especializarse para vivir en determinado lugar, ocupar determinado nicho y cumplir determinada función dentro del sistema”, dicen los integrantes del blog “jardines autóctonos”.

En un solo árbol pueden convivir hasta 500 especies de organismos diferentes interrelacionados entre sí y también con otras especies de otras plantas. “Cuando miramos un sistema vivo estamos en presencia de una red compleja de relaciones, una telaraña llena de conexiones. Así es la vida”, agregan.

“El cultivo de vegetales autóctonos es la manera más práctica de brindar alimento y refugio a las aves en libertad. La vida depende de la conservación de los ambientes naturales y las plantas nativas son la base de los mismos”, dicen los integrantes del Grupo “Plantarse”.

Valor

Ese raro hábito de mirar hacia afuera es la conducta que fue vistiendo las plazas, los patios y jardines. Graciela Alfonso cuenta que un vecino se asombraba cómo en un vivero se vendían piquillines, yaoyín y tomillo: “Pero fíjese, ¡vender estas plantas! ¡Si se va al monte y está lleno!”

Fabián Racca es el propietario de “Renovales”, un vivero de plantas nativas en La Pampa. Lo que comenzó como un experimento se convirtió en un microemprendimiento con un buen pronóstico, dice Racca. “No tiene la demanda de los viveros tradicionales pero, poco a poco, la gente va optando por el paisaje pampeano, más árido que el que ve en las revistas pero que bien diseñado no tiene nada que envidiarle a otros armados en otros lugares del país y del mundo”.

Con casi diez años en la actividad, comercializa las plantas que él mismo cultiva desde la semilla o el gajo. “Es una cuestión cultural muy fuerte”, agrega, “nos vendieron que en los jardines ingleses o franceses existe la belleza y que la vegetación local no tiene color”.

Buscando el por qué de esa mirada, están también aquellos que ensayan una explicación hurgando en nuestro origen de inmigrante. “Las plantas “exóticas” hacen soñar con viajes, con riquezas y bienestar de países añorados”, dicen Marta Montero y Alejandro Galup en un artículo en la revista Vida Silvestre. Los especialistas analizan algunos por qué y señalan, sorprendidos, cómo hasta nuestros días se utiliza el adjetivo “exótico” como un valor positivo.

Al límite

Años secos como pocos. Apenas caen unas gotas del cielo. La tierra solo se humedece y las napas no se recargan. Las bombas sumergibles (que se instalan por miles) extraen el agua debajo de nuestros pies. Hace tiempo que comienzan a largar prolongados suspiros.

“Hace unos días me llamaron de una quinta para armar un rincón de autóctonas”, cuenta Raca. “Estaban cansados de dedicarle tiempo y dinero para que el césped esté siempre verde. Es que ellos tienen un césped adicto al que tienen que inyectarle constantemente agua y urea para mantener esa ilusión verde”.

 “Luego de regar unas horas comienza a tirar aire por la manguera”, cuenta un vecino en una ocasional reunión en una despensa de la zona de quintas de Toay, en La Pampa. Frente a él, un pocero comenta que al agua hay que ir a buscarla cada vez más abajo y lo peor es que “no es de mejor calidad”.

Horas y horas los aspersores riegan los jardines para mantener el jardín verde. No importa si es en plena siesta y en verano. “Conozco casos en los que vecinos se van de sus quintas y dejan la bomba con los aspersores prendidos”, sigue contando el pocero. “Sacá la cuenta, si las sumergibles tiran entre 3.000 a 5.000 litros por hora y llegan a estar 12 o más horas encendidas…”

Bienvenida

“La moda de las nativas es bienvenida desde distintos puntos de vista. Ecológicamente porque implica aprovechar aquello que no demanda otros insumos como más riego o más abonos. Económicamente, porque implica ahorrar tiempo y dinero. Y además, porque significa una revalorización de lo propio, un detenerse a observar, a disfrutar lo que la naturaleza nos ofrece espontáneamente”, explica Alfonso.

“En la medida que volvamos a tener más espacios verdes con plantas originarias de cada región, tendremos un ambiente más amigable para la fauna silvestre cerca de nuestros hogares”, dicen los integrantes de la web plantarse.com. “El uso masivo de plantas exóticas generó una simplificación de la biodiversidad tanto en los sitios parquizados como en las áreas naturales invadidas por los vegetales foráneos que tienden a desplazar a las del lugar”.

Texto: Pablo DAtri
Ilust.: Bibi González